jueves, 21 de enero de 2010

Caso ABC: la antidemocracia de la justicia

"No se lo deseo a nadie, es algo terrible, no hay razón para estar bien”: Luis Carlos Santos

Porque es inevitable y necesario, el lenguaje, y en particular el discurso escrito, apresa, circunscribe la realidad; más que obvia, esa mediatización originaria da lugar a otras cuyo discernimiento es más complejo, como las implicadas por principio en los medios de comunicación.

Una tragedia como el incendio de la guardería ABC se convierte en noticia, y al paso de los días, semanas, meses, mediatizaciones de por medio, lo trascendente del acontecimiento se va diluyendo o desapareciendo, y circunstancias ajenas a lo esencial marcan la agenda noticiosa. Hasta antes de la huelga de hambre y ayunos (24 de diciembre de 2009 al 10 de enero de 2010) de padres de niños fallecidos en el siniestro, la mayoría de los medios “ya nada más hablaban cuando era día 5 o cuando venían funcionarios de organismos como la Suprema Corte de Justicia; ya tenían una agenda, ya estaban agendados en cuanto a cuándo iban a hablar del caso”, dice Luis Carlos Santos, papá de uno de los pequeños. La difusión, pues, había caído en la monotonía de la rutina. Prácticamente no había, o había muy poco lenguaje público que se ocupara de apresar, de convertir en sustancia escrita esa realidad. Esta entrevista y otra más que se publicará pronto, quieren contribuir a evitar el olvido, y para ello está la palabra.

A partir de la manifestación frente al palacio de gobierno en Hermosillo, algunos medios de comunicación estatales y nacionales redirigieron su interés hacia los directamente afectados por el suceso: “Ahora todos los días vienen, quiere decir que sí impactó, incluso a nivel nacional. Lo que se le ocurrió a Manuel Rodríguez [quien por decisión personal inició la huelga de hambre que continuó por más de una semana] logró una respuesta positiva de la sociedad, mis respetos para él; yo, con las 22 horas que tengo aquí, más me sorprendo de él, si para mí un día es difícil…, porque no es nada más el hambre, es el estrés, es la tristeza que traes, se te juntan todos los malos y buenos sentimientos y todo esto sumado al hambre…, recuerdas todo y no nada más piensas en ti”.

A diferencia de otras protestas, el motivo que ha impulsado a los padres a manifestarse (marchas, plantones, entrevistas con funcionarios) es el dolor más profundo e intenso que, según lo dicta un consenso social tácito, puede experimentar un ser humano: la pérdida de un hijo. Esa coincidencia general radicada en el ámbito de lo elementalmente humano, suscita, en general, una empatía y solidaridad espontáneas en los hombres y mujeres comunes, aunque no precisamente en los gobiernos y sus avaladores o cómplices, pues pareciera que el formar parte de la autoridad, el tener poder (o amigos o parientes con poder), los despoja de esa parte de la sensibilidad y del sentido de justicia gracias a la cual, contrariamente, un movimiento ciudadano puede lograr sus propósitos.

No es “el incendio”, ni siquiera el desnudo sustantivo “tragedia” lo que nos puede acercar a la realidad del caso: es el sentir, la subjetividad de los miembros concretos de 49 familias, y de casi el doble de familias más con hijos que padecerán secuelas toda su vida. Dado que la catástrofe (no el incendio y sus orígenes, que ése es otro tema no menos escabroso, sino la muerte infantil masiva) fue provocada por la violación de la ley, el tráfico de influencias, el contubernio, la negligencia, la irresponsabilidad, el desprecio por los menos favorecidos económica y socialmente, prácticas que, entre otras de no menos nefastas repercusiones, están presentes en la mayoría de las instituciones que “organizan” la vida social en México, bien podríamos haber sido o podremos ser, cualquiera de nosotros, las víctimas. De modo que, mínimamente, se esperaría que los acontecimientos generaran respuestas solidarias de parte de la población.

Luis Carlos Santos es miembro de una de las familias que desde el 5 de junio vive en duelo. Con una vida difícil desde que nació, cuando era niño presenció los fallecimientos de tres pequeños hermanos, lo que le hace comprender mejor el trance por el que están atravesando sus hijas de 6 y 8 años, y le ha otorgado el tacto y la prudencia para actuar con ellas de manera que el dolor y la incomprensión por lo ocurrido les sea menos difícil de sobrellevar.

Como parte de los incidentes de la vida cotidiana a los que tendrían que enfrentarse las familias los días posteriores a lo ocurrido, sólo 10 días después Luis Carlos y su esposa decidieron cumplir con el plan de hacerles la fiesta de cumpleaños a sus hijas, programada desde hacía mucho tiempo:

“La fiesta estaba programada con mucha anticipación para el 15 de junio; a las niñas no les podíamos decir que no, lo pensamos mucho, lo meditamos mucho y decidimos hacerla ese día. Fue como todas sus fiestas, nosotros siempre se las hemos organizado como ellas piden, ellas se ponen de acuerdo, desde que tienen uso de razón ponen sus condiciones. Decidimos hacer la fiesta ante toda la adversidad, pero sin música… Ésa y otras acciones que hemos tomado, como haber puesto el árbol de Navidad, el haber compartido con ellas lo que ellas han querido, ha servido para que sea menos difícil la situación”.

Luis y su esposa son padres trabajadores, sus hijas van a la primaria y su pequeño hijo iba a la guardería ABC. Ella es pediatra y él ingeniero industrial, profesor en el sistema CONALEP y en el Instituto Tecnológico de Hermosillo. Días después de la tragedia iniciaron las vacaciones de verano, unas vacaciones, para él, “escuetas, vacías”. Cuando reiniciaron las actividades escolares se encerró en el trabajo: “A lo mejor fue una de las razones por las que al principio no me sumé al movimiento, así, de lleno. Emocionalmente no tenía humor de salir a las calles, sin embargo, a las reuniones de magistrados, a las de Derechos Humanos, a donde me llamaron ahí estuve”.

Cada padre, cada familia, vivió de manera distinta la tragedia: “Hay de todo, hubo de todo, son decenas de casos diferentes, en mi caso tengo a mis dos niñas y a mi esposa, pero hay compañeras como Patricia Duarte [mamá víctima y además vocera actualmente del movimiento] que me dice: ‘Yo me quedé sola’, y me duele, y te unes. Igual, en los trabajos de cada quién hubo de todo, hubo patrones de la IP que fueron muy espléndidos, otros que corrieron a los papás afectados... En mi caso yo tuve el apoyo de las autoridades de mi trabajo, de mis compañeros”.

Son muchos casos distintos, sí, pero en lo que coincide la mayoría es en el reclamo de justicia y en el coraje, la impotencia y la desesperación por no poder conseguir su objetivo.

¿Por qué estás aquí, Luis Carlos, participando en esta manifestación?

“En primer lugar porque hasta esta fecha no hay nadie en la cárcel. En segundo, para contribuir a romper con ese esquema de lo que se dice de las cárceles, que las cárceles son nada más para los pobres, no para los ricos ni para los políticos. Si alguien se roba un pan en un súper, cualquier cosita, lo que te guste, y se dan cuenta, lo detienen, lo turnan, lo consignan y lo mandan al Cereso. Si una persona comete un delito de ese tipo, muy probablemente lo hace porque carece de recursos y tiene hambre. Recursos, de seguro, no tiene, ¿tendrá para salir de la cárcel?, no, ¿para pagar una sanción?, no. Se queda ahí, si no le dan el perdón ahí se queda. ¿Por qué tiene que ser así?

“En este caso de la guardería hay responsabilidades mucho mayores que éstas de las que estoy hablando. Los delincuentes de cuello blanco, los que conocen las leyes y en ello se basan para delinquir y para evadir a la justicia... ¿Hasta cuándo? Nunca imaginé estar en esta trinchera discutiendo estas cosas.

“Suponiendo que esto hubiera pasado en las clases altas, ahí no hay problema, se arregla, no quiero pensarlo así pero en esos casos los problemas se solucionan de otra forma. Seguramente hubiera habido una solución inmediata, porque conociendo cómo es el país, cómo es México, a sabiendas de cómo está distribuida la riqueza, es obvio que la justicia se aplica de una forma arriba y de otra abajo, siempre ha sido así”.

¿Cómo has vivido tu duelo? ¿Te ofrecieron ayuda psicológica?

“Sí, el Seguro Social, los grupos de ayuda, el movimiento…, sí, me tocó ir a terapias pero sinceramente me parecieron aburridas; vaya, yo soy a la antigua, en mi caso no es por ahí, no es por la religión ni con métodos terapéuticos. Acercarme a mi mamá es lo que me ayuda más, es lo que me inspira tranquilidad, paz, porque ella ha sufrido más que yo con la pérdida de sus tres hijos. Estoy con ella y me identifico, me identifico con ella y eso me ayuda”.

Sobre el duelo compartido con su esposa, comenta: “Yo creo que nos hemos entendido muy bien, cada quién a su manera, yo a ella la comprendo, es pediatra y ha hecho muy bien su trabajo, de repente pasa esto…, seguramente ella ha salvado vidas y el haberle pasado esto…, es doblemente triste”.

¿Qué esperas, Luis Carlos?

“Que se cumpla la ley. Es la forma de que no se vuelva a repetir algo así, que se cumpla la ley. Si eso no se logra aquí en Sonora, tenlo por seguro que se va a repetir en Oaxaca, en el DF, en Nuevo León, en cualquier parte. ¿Que si hay gente que debe estar en la cárcel? ¡Claro!”.

¿Cómo has sentido el apoyo de la sociedad en este punto?

“¿Que si la sociedad nos apoya? Claro que nos apoya, lo sentimos, lo hemos vivido. Por cierto no he visto encuestas sobre si deben o no estar en la cárcel los responsables. Los medios de comunicación, que a veces utilizan las encuestas con otros objetivos, no han sido tajantes en preguntar a la ciudadanía si debe estar en la cárcel fulano y mangano, ¿sí o no?, ¡pregúntenlo!, yo creo que la respuesta ahí estaría, ¡pregunten directamente a la sociedad! Me tocó ver una encuesta sobre la declaración de un funcionario, ¡sobre eso preguntan!, ¿está bien lo que dijo fulano o mangano? Con un tinte político y no con el objetivo de llegar realmente a lo que queremos, saber qué opina la sociedad.

“Si hay quienes tienen dudas sobre si el pueblo sonorense o hermosillense es apático a las exigencias de nosotros, que se haga una encuesta, yo te puedo decir que todas las personas que vienen aquí se compadecen, nos dan su apoyo, nos dicen que están con nosotros, ése es el sentir de la gente… yo no me atrevería a decir que la gente es apática”.

¿Crees que las instituciones respondan?

“Una vez a un político muy conocido en México lo criticaron mucho cuando dijo ‘al diablo con las instituciones’, ¿entonces por qué las fiscalías especiales?, ¿por qué no los jueces?, ¿por qué las personas que están investidas para aplicar la justicia no lo hacen? ¡Entonces háganlo!, si les dolió mucho lo que dijo el político tabasqueño, ¡manos a la obra, instituciones a sus funciones! Si no, yo no sé por qué estamos aquí, si las instituciones sí funcionan... ¿Tú te explicas por qué hay tanto alboroto ahorita aquí enfrente del palacio? ¿Por qué? ¡Reivindíquense, hagan valer su autoridad!”.

Expresa, por último: “No se lo deseo a nadie, es algo terrible, no hay razón para estar bien. A mí el tiempo es lo que me va a ir restableciendo, pero en cuestión de justicia no creo. En cuestión de justicia es otra cosa…”.